Teresa Laespada, diputada foral de Empleo, Cohesión Social e Igualdad de Bizkaia, y Agurtzane Ortiz, presidenta de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, han inaugurado las V Jornadas Mujeres y Salud, organizadas en el marco de Emakumeak por el área de Empleo, Cohesión Social e Igualdad de la Diputación Foral de Bizkaia y la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (BMZA/ACMB).
Las jornadas se desarrollan durante los días 28 y 29 de abril, a las 18:30 horas, en la Sala de Conferencias de las Juntas Generales de Bizkaia (Bilbao), bajo el título ‘Vidas desiguales: cómo el género determina las condiciones de trabajo, salud y cuidados’.
El encuentro reúne a personas expertas, responsables institucionales y profesionales del ámbito sanitario para analizar cómo las desigualdades estructurales impactan en la salud de las mujeres. La asistencia a estas jornadas es libre y gratuita, si bien es necesario inscribirse previamente en la página web de Emakumeak: https://emakumeak.eus/agenda/.
La Diputada Laespada ha denunciado «la sobrecarga de las cuidadoras, especialmente en mujeres mayores», que supone «uno de los grandes retos de nuestro tiempo».
«Muchas mujeres que han cuidado toda su vida continúan haciéndolo en la vejez, a menudo, en condiciones de fragilidad física y emocional. Esto incrementa el riesgo de enfermedades, de aislamiento social, de deterioro cognitivo y de pobreza», ha destacado.
Ante esta realidad, ha apostado por «un sistema de cuidados universales, públicos y de calidad» con perspectiva de género y con una «corresponsabilidad, no solo en el ámbito familiar, sino también empresarial y social».
Por otra parte, Agurtzane Ortiz ha manifestado que el lema de las jornadas —‘Lo que no se ve, pero nos afecta’— «recuerda que la salud no es solo una cuestión clínica. Es el resultado de múltiples factores: sociales, laborales, económicos y también ambientales. Y, sobre todo, interpela sobre cómo las desigualdades de género siguen marcando de manera decisiva estas condiciones».
Para la presidenta de la Academia, hablar hoy de trabajo, de cuidados y de salud desde una perspectiva de género es, en el fondo, hablar también de ese equilibrio. «Porque las condiciones laborales, la organización social de los cuidados o la exposición a determinados riesgos no afectan de igual manera a todas las personas. Y porque estas desigualdades tienen un impacto directo en la salud y el bienestar», ha declarado.
Estas jornadas son, para Agurtzane Ortiz, «un espacio necesario para generar conocimiento», pero también para «impulsar cambios», para «visibilizar lo que a menudo permanece oculto», para «cuestionar lo que se da por hecho» y, en definitiva, para «construir, colectivamente, respuestas más justas».
Sesión de apertura
La sesión de apertura, titulada ‘Lo que no se ve, pero nos afecta’, ha sido moderada por Ana Dosio, médica de familia y comunitaria de Osakidetza-Servicio Vasco de Salud (Organización Sanitaria Integrada Barrualde-Galdakao), especialista en género y salud.
La primera conferencia de la sesión ha corrido a cargo de Margarita Sáenz Herrero, psiquiatra, jefa de sección del Hospital Universitario Cruces, profesora asociada de la Universidad del País Vasco y experta en salud mental y género, quien ha ofrecido la ponencia ‘Mujeres y salud mental: desigualdades invisibles’.
La psiquiatra enfatizó la conveniencia de incluir la perspectiva de género en la atención a la salud de las mujeres, «no sólo a la salud mental, sino a la salud en general, porque vivimos en una sociedad en la que hay una desigualdad estructural entre hombres y mujeres que hace que las mujeres hayan pasado durante muchos años desapercibidas, teniendo el modelo masculino como el modelo androcéntrico y esto se ha extrapolado a toda la población general».
La experta puso como ejemplos los ámbitos de los ensayos clínicos y la atención sanitaria, entre otros, «donde algunas patologías se muestran de manera diferente». La Dra. Sáenz ha citado un estudio danés sobre el tiempo de retraso existente en el diagnóstico de patologías como el cáncer o la diabetes mellitus «de años de duración respecto a las mujeres frente a los hombres, que les diagnostican antes. Es como si las quejas de las mujeres no fueran tomadas de la misma manera y tiene que ver un poco, no con lo individual, sino con lo social, con la cultura y con el modelo en el que vivimos», ha aseverado.
A continuación, ha intervenido Deiene Lasuen, médica especialista en Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor, jefa de la Unidad del Dolor en el Hospital Universitario Cruces, especialista de la Unidad del Dolor del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi y presidenta de la Sección del Dolor de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, con la ponencia ‘El dolor también se aprende’.
La Dra. Lasuen ha declarado ante las personas asistentes que el dolor es un proceso neurobiológico complejo que «no puede entenderse únicamente desde una perspectiva lesional o periférica». En sus palabras, se trata de una «experiencia multidimensional» en la que intervienen factores «biológicos, psicológicos y sociales», por lo que su abordaje debe ser necesariamente «biopsicosocial».
Asimismo, la experiencia del dolor no es homogénea entre hombres y mujeres, aclarando que «se han descrito diferencias biológicas relevantes en el procesamiento del dolor entre sexos». Tal y como ha puesto de relieve, «existe una clara brecha de género en la forma en que el dolor es estudiado, percibido y tratado». «Las mujeres presentan con mayor frecuencia dolor crónico y, en muchos casos, este síntoma es infradiagnosticado o infratratado». Para la Dra. Lasuen, este hecho refuerza la «necesidad de un enfoque terapéutico individualizado y personalizado, adaptado a las características biológicas y clínicas de cada paciente».
En este contexto, la especialista ha hecho hincapié en que «el dolor puede aparecer en ausencia de daño estructural evidente», lo que pone de manifiesto la «complejidad de los mecanismos centrales implicados en su procesamiento». Además, la experiencia dolorosa «está modulada por factores como el género, el entorno y las experiencias previas. Esta capacidad de aprendizaje implica, a su vez, que el dolor también puede ser modificado o desaprendido mediante intervenciones terapéuticas adecuadas», ha indicado.
