Las V Jornadas Mujeres y Salud, organizadas en el marco de Emakumeak por el departamento de Empleo, Cohesión Social e Igualdad de la Diputación Foral de Bizkaia y la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (BMZA/ACMB), se han clausurado con una mirada sobre los aspectos potencialmente modificables que actúan sobre la relación entre género y salud.
Las conferencias, que se han celebrado en la sede de las Juntas Generales de Bizkaia (Bilbao) y han tenido como lema ‘Vidas desiguales: cómo el género determina las condiciones de trabajo, salud y cuidados’, finalizaron con la sesión titulada ‘Lo que sí podemos cambiar’, que fue moderada por Cristina Sarduy Gainza, responsable técnica de la Dirección de Igualdad de la Diputación Foral de Bizkaia.
En esta sesión participaron, en primer lugar, Pedro Carrascal, director general de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes, con la ponencia ‘La sobrecarga de la cuidadora. La enfermedad crónica en mujeres mayores cuidadoras’. Y en segundo lugar, Lourdes Íscar, directora general de Osalan – Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales, abordó la ponencia ‘Salud, trabajo y mujeres. ¿Qué se está haciendo en Euskadi?’.
En su alocución, Pedro Carrascal declaró que las mujeres mayores cuidadoras con enfermedad crónica «siguen siendo una realidad demasiado invisible para el sistema sanitario y social». No son solo acompañantes o familiares que sostienen los cuidados de otras personas; para el experto, son también «pacientes, ciudadanas con derechos y personas que necesitan tiempo, apoyos y seguimiento». La cronicidad, el envejecimiento, el género y los cuidados se cruzan en las vidas de estas personas, generando «una situación de especial vulnerabilidad que no puede seguir abordándose como una cuestión privada o familiar».
Los estudios realizados por la Plataforma de Organizaciones de Pacientes en los años 2020 y 2024, muestran que muchas mujeres con enfermedad crónica «no solo necesitan cuidados, sino que también los prestan». En el caso de las mujeres mayores cuidadoras, esta responsabilidad condiciona «su tiempo disponible, su autocuidado, su adhesión a los tratamientos, su bienestar emocional y su vida social». La sobrecarga no se expresa únicamente en cansancio físico: «también aparece en forma de estrés, culpa, pérdida de control, problemas de sueño, aislamiento o menor satisfacción vital. Por eso, no podemos pedir autocuidado a quien no tiene tiempo ni apoyos para cuidarse».
Pedro Carrascal incidió en que el cuidado familiar no es un recurso ilimitado. «Tiene cuerpo, tiene género, tiene edad y tiene consecuencias sobre la salud. Si queremos avanzar hacia un sistema más justo, sostenible y humano, cuidar a quien cuida debe dejar de ser una medida complementaria y convertirse en una prioridad de salud pública y de política social», dijo.
Esto implica, para el experto, «incorporar la perspectiva de género, reforzar el apoyo domiciliario profesional, desarrollar programas de respiro, evaluar periódicamente la salud física y mental de las cuidadoras, crear redes comunitarias de apoyo y promover formación en autocuidados y seguimiento de la enfermedad crónica».
Salud trabajo y mujeres
A continuación, y como colofón de las jornadas, Lourdes Íscar puso de manifiesto la persistencia de diferencias y desigualdades entre mujeres y hombres en el mundo laboral, con un impacto directo en la seguridad y la salud en el trabajo. «Aspectos como la segregación horizontal y vertical del empleo, la mayor presencia femenina en trabajos precarizados, la brecha salarial o la sobrecarga de trabajo no remunerado condicionan», dijo, «tanto la exposición a los riesgos como los daños derivados del trabajo».
En este contexto, la directora general informó de los trabajos que Osalan viene desarrollando para integrar de forma efectiva la perspectiva de género en la prevención de riesgos laborales. Para ello, Osalan cuenta con el grupo de género integrado por la técnica de igualdad y otras personas técnicas del propio organismo que, entre otras funciones, llevan a cabo las acciones necesarias para fomentar la integración de la perspectiva de género y la prevención de riesgos laborales.
Entre estas acciones, citó «el análisis sistemático de datos desagregados por sexo, la elaboración de estudios específicos, la colaboración con otras instituciones como Emakunde, la Inspección de Trabajo y el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, así como acciones de formación, sensibilización y desarrollo de herramientas técnicas dirigidas a empresas y personal técnico. Además, anunció el diseño de un curso en línea para facilitar esta labor de integración, que será de acceso público a través de la web de Osalan en breve.
«Incorporar la perspectiva de género en la prevención es imprescindible para avanzar hacia un trabajo más seguro, saludable y en condiciones de igualdad», concluyó Lourdes Íscar.
