La Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (ACMB/BMZA) inauguró en la Sociedad Bilbaina su LIII Semana de Humanidades, que en esta edición lleva por título ‘Salud con palabras. La importancia de la comunicación’. El evento, dirigido a profesionales sanitarios, estudiantes y público en general, celebra de manera paralela la XLVII Semana Fotográfica y la LIII Exposición Antológica de Académicos Pintores y Escultores, que se puede visitar virtualmente a través de la página web de la Academia, en el enlace https://www.acmbilbao.org/liii-academicos-pintores-xlvii-semana-fotografica/.
El programa inaugural abordó el papel esencial de la comunicación en el ámbito sanitario desde distintas perspectivas clínicas, jurídicas, éticas y mediáticas. La sesión se abrió con la presentación institucional a cargo de Miren Agurtzane Ortiz, presidenta de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, y Magdalena Múgica Portillo, presidenta de IMQ Seguros y de la Sociedad de Médicos de IMQ. Moderó la jornada Carmen Peñafiel, catedrática de Periodismo de la Universidad del País Vasco, presidenta de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación y miembro de la Junta Directiva del Colegio Vasco de Periodistas.
Durante esta primera sesión se analizó la comunicación en la relación sanitario-paciente, con la intervención de Rosa Suárez Hortelano, médica de Cuidados Paliativos de Hospidom y miembro de la Comisión de Cuidados Paliativos de la Organización Sanitaria Integrada (OSI) Bilbao-Basurto; las repercusiones legales de la información sanitaria, a cargo de Susana López Altuna, letrada de la Asesoría Jurídica de Osakidetza-Servicio Vasco de Salud; y la diversidad cultural y lingüística en el ámbito asistencial, con la participación de Mbaye Gil Sánchez, enfermero del Hospital Universitario Basurto y mediador intercultural. El acto concluyó con un animado y enriquecedor debate entre los ponentes y el público asistente.
Apertura
En la inauguración de la LIII Semana de Humanidades de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, su presidenta, Agurtzane Ortiz, subrayó que la comunicación constituye un elemento central de la práctica sanitaria y no un mero complemento técnico.
Ortiz destacó asimismo la responsabilidad de profesionales e instituciones en la comunicación con la sociedad y con los medios, especialmente en un contexto de sobreinformación y desinformación. En este sentido, defendió la necesidad de trasladar mensajes de salud pública con rigor, transparencia y sensibilidad, así como de reforzar la confianza social a través de una comunicación clara y honesta.
La presidenta de la ACMB recordó también que la comunicación atraviesa dimensiones éticas esenciales como la confidencialidad, el consentimiento informado o el respeto a la autonomía del paciente. Desde la vocación pluridisciplinar de la Academia, afirmó que comunicar bien es también una forma de cuidar y de ejercer una medicina que integra conocimiento científico, responsabilidad y dimensión humana.
Por otra parte, Magdalena Múgica, presidenta de IMQ Seguros y de la Sociedad de Médicos de IMQ, subrayó en su intervención que la comunicación entre el profesional sanitario y el paciente constituye un componente inseparable del acto médico y no un mero complemento. Según destacó, los pacientes y sus familias no solo buscan un diagnóstico o un tratamiento, sino también ser escuchados, comprendidos y asesorados, lo que convierte la transmisión de información veraz y completa en una obligación ética y profesional.
Desde su experiencia como médica de familia, señaló que esta dimensión resulta especialmente relevante en atención primaria, donde el profesional suele ser el primer contacto de la persona con el sistema sanitario. En ese contexto, la forma de explicar, escuchar y acompañar influye de manera directa en la tranquilidad del paciente, en su adherencia al tratamiento y en su manera de afrontar la enfermedad, configurando una alianza terapéutica basada en la confianza.
Múgica advirtió además de que, pese a los avances tecnológicos y al desarrollo de la inteligencia artificial, ningún algoritmo puede sustituir el valor de una comunicación empática, serena y respetuosa. A su juicio, fortalecer esta dimensión humana es una responsabilidad compartida por profesionales e instituciones y constituye un elemento esencial para humanizar la medicina y mejorar los resultados en términos de salud.
La moderadora, Carmen Peñafiel Saiz, manifestó en relación al título de la Semana de Humanidades ‘Salud con palabras. La importancia de la comunicación’, que indica la importancia que desde la Academia se quiere dar a la escucha activa del paciente, así como a la relevancia de explicar de manera clara y sencilla por parte del personal facultativo la información sanitaria, además de mostrar empatía y comprensión por ambas partes y fomentar la participación del paciente.
«Las y los periodistas que se dedican a elaborar información sobre salud en medios de comunicación tienen una responsabilidad fundamental: la de ofrecer contenidos rigurosos, contrastados y fiables. No se trata solo de informar. Lo que se publica influye directamente en la opinión pública y, en muchos casos, estamos hablando de temas sensibles que afectan indiscutiblemente a la salud pública. Estamos ante temas especialmente sensibles, que pueden generar preocupación, confianza o alarma social, por eso, el compromiso ético de estos profesionales debe ser fuerte y no puede basarse en la improvisación ni en la mera reproducción de datos o declaraciones», dijo.
La experta valoró como importante contar con criterios científicos y desarrollar una ética profesional que sitúe siempre la salud pública en el centro. «Tenemos que ser conscientes de que la salud es también un derecho fundamental que une a la sociedad y permite a las personas vivir de manera plena».
Repercusiones legales de la información sanitaria
La letrada Susana López Altuna abordó el deber de información al paciente como una de las principales obligaciones asumidas por el personal sanitario, subrayando que su finalidad es garantizar la participación activa del paciente en la toma de decisiones que afectan a su salud.
Según explicó, el principio ético de autonomía en el ámbito sanitario se materializa a través del consentimiento informado, que constituye un derecho del paciente y, al mismo tiempo, un deber para los y las profesionales sanitarios, quienes deben tener en consideración las opiniones y opciones expresadas por la persona atendida.
En este contexto, recordó que la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de los derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, supuso una actualización del sistema jurídico-sanitario, incorporando novedades y mejoras en materia de información.
Tal y como recoge esta norma, entre sus principios fundamentales se encuentran el respeto a la dignidad de la persona, a su autonomía para decidir y a su intimidad; la necesidad de recabar, con carácter general, el consentimiento previo del paciente tras recibir la información adecuada —que deberá formalizarse por escrito en los supuestos previstos por la ley—; el derecho del paciente a elegir libremente entre las opciones clínicas disponibles o a negarse al tratamiento, dejando constancia por escrito en la historia clínica; así como la definición de los derechos y obligaciones de pacientes, profesionales e instituciones sanitarias, tanto públicas como privadas.
La experta advirtió de que todo profesional que interviene en la actividad asistencial «no solo está obligado a la correcta prestación técnica, sino también al cumplimiento de los deberes de información y documentación clínica y al respeto de las decisiones adoptadas libre y voluntariamente por el paciente. El incumplimiento de este deber de información», señaló, «puede derivar en supuestos de mala praxis médica».
Comunicación en la relación sanitario-paciente
Rosa Suárez Hortelano, médica de Cuidados Paliativos de Hospidom y miembro de la Comisión de Cuidados Paliativos de la Organización Sanitaria Integrada (OSI) Bilbao-Basurto transmitió a la audiencia que «sanar con palabras es real y posibles», siendo un «verdadero privilegio» para un sanitario que los pacientes y sus familiares puedan delegar en ellos la aportación de su «granito de arena» en su consuelo.
También valoró positivamente que este encuentro pueda generar «un cierre biográfico de ciclo vital», un cambio de rumbo desde una situación de «miedo vertiginoso» a una sensación de serenidad y aceptación, en su fase de «traspasar el umbral de incertidumbre».
Diversidad cultural y lingüística
Mbaye Gil Sánchez, enfermero del Hospital Universitario Basurto y mediador intercultural a través de su ONG Sunu Gaal se refirió a que, según valoró, la diversidad cultural y lingüística es una realidad consolidada. «Una parte significativa de la población migrante procede de países cuyos idiomas y marcos culturales no coinciden con el castellano ni el euskera, lo que genera dificultades en el acceso y uso efectivo de los servicios públicos, especialmente en el ámbito sanitario y social. Estas barreras no solo afectan a la comprensión de diagnósticos, tratamientos o trámites administrativos, sino que también incrementan la vulnerabilidad social y las desigualdades en salud».
Por ello, tal y como desarrolló, surge la necesidad de contar con un recurso de mediación intercultural, «una herramienta de comunicación que se desarrolle de manera efectiva entre los proveedores de servicios y los pacientes migrantes. Aquí es donde entra en juego la figura clave del mediador o mediadora intercultural, quien actúa como puente entre pacientes migrantes y profesionales sanitarios. Su labor no solo facilita la comunicación, sino que contribuye a generar un clima de confianza y compresión mutua, elementos clave para garantizar una atención de calidad e inclusiva a todos los usuarios».
LIII Semana de Humanidades de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao cuenta con el patrocinio de IMQ y la colaboración del departamento de Salud del Gobierno Vasco, Osakidetza-Servicio Vasco de Salud, la Universidad del País Vasco, la Universidad de Deusto, Cruz Roja Bizkaia, Mutualia, la oenegé Sunu Gaal, la Asociación Vasca de Periodistas y el Colegio Vasco de Periodistas.
